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miércoles, diciembre 8, 2021
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    InicioCultura en CantabriaHistoria de CantabriaLA EPOPEYA DEL PÁJARO AMARILLO - CAPÍTULO FINAL

    LA EPOPEYA DEL PÁJARO AMARILLO – CAPÍTULO FINAL

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    CAPÍTULO FINAL

    El vuelo y aterrizaje forzoso

    Efectivamente el avión parecía no elevarse del suelo, y estuvo a punto de chocar contra un dique sin haber dejado atrás aun la costa de Maine. Tan sólo la pericia de Lefèvre evitó el desastre.

    Nadie entendía qué estaba ocurriendo. Habían aligerado todo lo posible el peso de aparato, tripulantes y combustible y, pese a todo, el avión avanzaba como si tuviera una sobrecarga. Asustados, pensaban que quizás el motor estuviera fallando. Hasta que, más o menos media hora después del despegue, se resolvió el misterio.

    Y es que los tres exploradores eran en realidad cuatro.

    Reptando por el fuselaje del avión se presentaba ante los tres asombrados pasajeros Arthur Schreiber, un periodista norteamericano de 25 años que había aprovechado el bullicio para convertirse en el primer polizón aéreo de la historia. Las únicas palabras que pronunció ante sus anonadados compañeros fue un lacónico Here I am. Bien poco hubiera durado su aventura su el propio Lotti no hubiera intercedido por el novedoso acompañante, ya que la resolución de los otros dos tripulantes no era otra que tirarlo al océano. Total, nadie sabía que estaba allí… Al final se impuso la cordura y Schreiber pudo quedarse en el avión, tras haber firmado un documento en el cual se comprometía a no confesar jamás lo que allí vería.

    Pero una vez que aceptaban al nuevo tripulante había que afrontar otro problema… el de si el combustible que llevaban sería suficiente. Y lo cierto es que todo parecía indicar que sí, hasta que una tormenta apocalíptica (y en esta ocasión el adjetivo está justificado) se cruzó en su camino y les hizo desorientarse, variando ligeramente su rumbo al sur. La presencia de una radio a bordo (la única concesión al sobrepeso que Lotti había autorizado) permitió que los aviadores tomaran contacto con un barco que estaba en su vertical y conocieran una posición muy alejada de la prevista. Así, cuando pocas horas después ven tierra por vez primera comprendieron que aquello no era Francia, sino el norte de España. Y comprendieron también que tenían que buscar un sitio para aterrizar urgentemente, porque su combustible estaba a punto de agotarse.

    En esa tesitura avistar un arenal amarillo, amplio y de superficie compacta como el de Oyambre debió de ser un milagro para unos aviadores que veían cómo el motor de su máquina comenzaba a fallar por falta de combustible. Así que no dudaron en aterrizar, sin una gota de gasolina, en aquel lugar tan apropiado. Eran las 20:40 horas del viernes 14 de junio de 1929, justo en la caída del sol, y tras 29 horas y veinte minutos horas de travesía ininterrumpida y 5900 kilómetros recorridos L´Oiseau Canari, o el Pájaro Amarillo, se convertía en el primer avión europeo en cruzar el Océano Atlántico.

    Estaban en una playa desconocida en un lugar donde no debían de haber aterrizado y en una tierra extraña. Evidentemente los vecinos de la zona, alertados por el paso de ese artefacto tan extraño que venía volando muy bajo, se afanaban por llegar hasta Oyambre para comprobar qué era lo que estaba sucediendo.

    De tal forma, Lotti y los suyos se acercaron hasta el camino que bordea el arenal y se toparon con un paisano en bicicleta que surgía de la penumbra. Cortés y educado, Lotti intentó expresarse en un mal español para explicarle quiénes eran y preguntarle dónde estaba el siguiente pueblo. Cuando el improvisado comité de bienvenida dijo que el lugar más cercano era Comillas Lotti le pidió prestada su bicicleta y, pedalada va, pedalada viene, se acercó hasta la villa, preguntó por el alcalde, le sacó de su casa y le explicó toda su historia.

    Había acabado su aventura. Comenzaba su leyenda.

    El Pájaro Amarillo vía El País
    El Pájaro Amarillo vía El País

    Recibidos como héroes

    Al día siguiente el aterrizaje forzoso del Pájaro Amarillo en Oyambre era portada de los periódicos montañeses de la época (y de algunos noticieros internacionales, como Pathé o Paramount), y los cuatro tripulantes comenzaban a ser rostros familiares para los cántabros. Los padres llevaban a los niños de los alrededores para contemplar aquel prodigio de la aviación que seguía retenido en el arenal, y más tarde iban a ser los propios maestros quienes organizaran excursiones guiadas para que los niños pudieran disfrutar del progreso que marcaban tanto la máquina como aquellos simpáticos y amables extranjeros, que se habían abastecido de todo tipo de chucherías y chocolates para repartir entre la chavalería.

    Y es que mientras los aviadores esperaban que desde Madrid llegara el combustible que les iba a permitir continuar su vuelo hasta Francia (en Cantabria aun no había aeródromo) el ambiente a su alrededor era de auténtica fiesta. Verbenas, marsellesas a ritmo de pasodobles, puestos de dulces y orquestas variopintas rodeaban al Pájaro Amarillo, y convertían aquel supuestamente aburrido día de espera en una jornada de espectáculos y festejos.

    Especialmente popular fue la figura de Schreiber, que con su cara aniñada y sus rasgos exóticos para la época causó sensación entre la concúrrela femenina de la época, despertando más de un suspiro ahogado y, según cuentan las crónicas maliciosas, dejándose querer en especial por alguna moza de buen ver…pero eso es, claro, otra historia.

    Cuando se recargó el combustible del Pájaro Amarillo, y no sin cierta desazón en las mozas jóvenes de la comarca, el avión se elevó al cielo y partió rumbo a Francia, donde aterrizaron en otra playa, esta vez en la de Mimizan, en plenas Landas, siendo recibidos como héroes nacionales. Era el 16 de junio de 1929.

    Una vez en tierra Lotti toma la palabra ante los periodistas y, cogiendo del brazo a Schreiber, pronuncia unas palabras que pasaran a la historia: él es un americano, un amigo, un buen chico.

    Hoy existe en la playa de Mimizan un monumento que recuerda la gesta de aquellos tres hombres que, como las sucedía a los mosqueteros de Alexandre Dumas, al final resultaron ser cuatro.

    El Monumento de las Alas

    Muchas gracias a Marcos Pereda, profesor de la Universidad de Cantabria  – , por contarnos esta historia tan emocionante.

    Si no has leído los capítulos anteriores:

    CAPÍTULO Ihttps://postureocantabro.com/la-epopeya-del-pajaro-amarillo-parte-i/

    CAPÍTULO IIhttps://postureocantabro.com/la-epopeya-del-pajaro-amarillo-capitulo-ii/

    Richard (Postureo) Noyahttps://postureocantabro.com
    Paladeador de Rabas y Quesadas Amateur.Cántabro exiliado en Canarias y Administrador de www.postureocantabro.com entre otras cosas!!!

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